Leonardo-Padura-con-su-perro

Chorizo, parafraseando a Juan Ramón Jiménez, es “pequeño, peludo, suave”. Y listo. Y bastante ladroncete. Y consentido. Chorizo es el perro de Leonardo Padura.

Es un perro cubano, acostumbrado al sol y al son, y es el perro de un escritor. Eso quiere decir que Chorizo, y nadie más, puede entrar en el estudio mientras Padura escribe. También quiere decir que, cuando hay amigos cenando en casa, Chorizo hace su agosto sin perder un ápice de glamour. Muy pocos perros pueden presumir de haber recibido caricias y robado embutidos a partes iguales, y menos a la intelectualidad cubana e internacional que pisa el suelo de Mantilla. O haber mirado a los ojos al mismísimo Fidel (aunque no exista documento que lo demuestre).

Lo que sí está claro es que, sin Chorizo, difícilmente Padura habría encontrado un título tan acertado para la mejor novela del siglo: El hombre que amaba a los perros. ¡Que viva Chorizo!

Si quieres ver a Leonardo Padura (pero Chorizo se queda en Cuba), ¡ven al LEA!: sábado 22 a las 19.30 lo encontrarás, junto con Petros Márkaris, en un verdadero Duelo de titanes. Modera Víctor Andresco.

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